Sentado entre la ministra de Igualdad y la vicepre- sidenta primera, Alejandro Amenábar lucía bello, fibrado, a cuadros, mientras Karmele Marchante colocaba a los periodistas en un rincón, a pesar de que sólo las cosas se colocan, y algún bohemio. El quinqui de Telecinco, cejijunto, amenazaba a un "hijoputa" de seguridad y todo transcurría en perfecta armonía en las mesas de cuatro, cinco o seis señores decentes. Los becarios y los payasos en el rincón, sobre la tarima; los informadores serios en las mesas, poniéndose de vuelta y media unos a otros y catando el jamón, y Sara Carbonero. Luis María Anson es uno de esos señores decentes, y Amenábar es de los que dan el pego, de quienes descubren la Vía Láctea en un yate e imaginan en fardahuevos cómo sería la vida hace dos mil años, qué malos debían de ser los cristianos, cuánta muerte ha provocado el fanatismo y cómo nos la intentará colar, de paso, para engordar la cuenta corriente con su próxima película. Y Anson allí, bailándole el agua, mamándole la sensibilidad, comiéndole la hipatia; y De la Vega allí, tratándole como a "una más", lo importante que es su trabajo, que patatín que patatán. Todos a una aplaudiendo, comiendo, gozando en pos de la igualdad. De la igualdad "de género" y número, que no de sexos. De la igualdad en el buen pimplar y el buen yantar. Todos a una cambiando el mundo desde el Hôtel Palais.
miércoles 28 de octubre de 2009
Los labios de Sara
Sentado entre la ministra de Igualdad y la vicepre- sidenta primera, Alejandro Amenábar lucía bello, fibrado, a cuadros, mientras Karmele Marchante colocaba a los periodistas en un rincón, a pesar de que sólo las cosas se colocan, y algún bohemio. El quinqui de Telecinco, cejijunto, amenazaba a un "hijoputa" de seguridad y todo transcurría en perfecta armonía en las mesas de cuatro, cinco o seis señores decentes. Los becarios y los payasos en el rincón, sobre la tarima; los informadores serios en las mesas, poniéndose de vuelta y media unos a otros y catando el jamón, y Sara Carbonero. Luis María Anson es uno de esos señores decentes, y Amenábar es de los que dan el pego, de quienes descubren la Vía Láctea en un yate e imaginan en fardahuevos cómo sería la vida hace dos mil años, qué malos debían de ser los cristianos, cuánta muerte ha provocado el fanatismo y cómo nos la intentará colar, de paso, para engordar la cuenta corriente con su próxima película. Y Anson allí, bailándole el agua, mamándole la sensibilidad, comiéndole la hipatia; y De la Vega allí, tratándole como a "una más", lo importante que es su trabajo, que patatín que patatán. Todos a una aplaudiendo, comiendo, gozando en pos de la igualdad. De la igualdad "de género" y número, que no de sexos. De la igualdad en el buen pimplar y el buen yantar. Todos a una cambiando el mundo desde el Hôtel Palais.
