viernes 26 de diciembre de 2008

Nieve


Los días lúdicos me mecen en este invierno recién estrenado. No hay sitio para grandes ideas, para grandes esfuerzos, me entrego a la más absoluta distracción, a los episodios tras episodios tras películas tras whiskies tras historias y más historias en el último bar; danzando canciones translúcidas, renazco y renacen los colegas. Voy al baño a empolvarme la nariz; el agua inundando la estancia hasta los tobillos. A trancas, tra, trancas, consigo caminar sobre el lago improvisado, renta malsana del hombre feliz que acaba de tirar de la cisterna, mesiánico. Aspira. Aguanta. Aspira. No dejes nada. Se juntan las imágenes, la niebla, ¡pum! Vuelvo en mí por la mañana, no me había ido, la música sigue sonando. La música no debería callarse nunca, con su voz de luz bajo la complicidad silente de tantos cráneos. La camarera me sonríe, me invita a una copa, sabe el efecto que provoca en las voluntades débiles, en las caras idiotas sobre su escote de carne roja. Hum. He bebido mucho, niña, ponme la última. Suenas a 'cowboy', niño, ponme la primera. ¿La primera?, ¿'cowboy'? La primera, 'cowboy'... La primera, niña..., espera. Se une a la marcha, ma, marcha, junto al tren, la nieve y un pueblo remoto, ¡pum! ¿Qué ha pasado?, el sol nos da en la cara, helado, como en los 'western' cuando hay montañas. La escarcha en mis pulmones, que tosen, que me llevan a mi aire. ¿Dónde estoy?, ¿dónde he estado?... Bah, no lo sé, tampoco quiero saberlo. Vamos, niña, me largo rumbo al próximo bar.