Tengo muy poco que decir a mi edad, cuando la mayoría del tiempo lo paso acá, allá y acullá con las manos en los bolsillos y la risa floja. No iba a quedarme aquí rumiante, para contar parte de mi vida como si alcanzara a describirme. Puedo sobrellevar mi astigmatismo, después todo, y estoy intentando prender la luz en la sexta acepción del verbo, poner esto de blanco o gris azul, porque mi blog va de luto desde hace un cacho bien largo y es imposible transgredir tanta afectación si no. Por hoy nada más, ya decía al principio que no tenía mucho que contar, sólo pedir que acabe la campaña esta del siete jota, que siempre ha sido mejor de pedir que de robar, que se vayan todos a la Eurocámara y que alguien los encierre allí dentro, y que luego prenda una mecha en la sexta acepción del verbo. Me gustaría verlos deflagrar en sus butacas, qué espectáculo, qué belleza, qué diría Barack Obama de esta piara de políticos que tenemos en España si bajara la cabeza. Mierda, al final van a tenerme aquí hablando de cosas sosiales. Hoy me emborracho fijo de felicidad.
viernes 5 de junio de 2009
Hussein
Tengo muy poco que decir a mi edad, cuando la mayoría del tiempo lo paso acá, allá y acullá con las manos en los bolsillos y la risa floja. No iba a quedarme aquí rumiante, para contar parte de mi vida como si alcanzara a describirme. Puedo sobrellevar mi astigmatismo, después todo, y estoy intentando prender la luz en la sexta acepción del verbo, poner esto de blanco o gris azul, porque mi blog va de luto desde hace un cacho bien largo y es imposible transgredir tanta afectación si no. Por hoy nada más, ya decía al principio que no tenía mucho que contar, sólo pedir que acabe la campaña esta del siete jota, que siempre ha sido mejor de pedir que de robar, que se vayan todos a la Eurocámara y que alguien los encierre allí dentro, y que luego prenda una mecha en la sexta acepción del verbo. Me gustaría verlos deflagrar en sus butacas, qué espectáculo, qué belleza, qué diría Barack Obama de esta piara de políticos que tenemos en España si bajara la cabeza. Mierda, al final van a tenerme aquí hablando de cosas sosiales. Hoy me emborracho fijo de felicidad.
lunes 1 de junio de 2009
Te quiero aquí a la voz de ya
Vino vestida de blanco. Parecíamos abocados a jugar una partida interminable de backgammon, como en 'Perdidos', pero retiré todas mis piezas antes de empezar, me di por vencido por aquello de firmar la paz o como poco un buen plebiscito. "Te quiero aquí a la voz de ya", le dije, y solté mis huevos sobre el tablero. Después de todo, me he dado cuenta de eso y de esto otro: son varios años de tontunas, de ego creciente y mal encarado, de oscuridad autoimpuesta y altiva, un sindiós. Parte de razón tengo, pero tanta letra herida me está cambiando, y lo que antes era sinrazón cobra cierto sentido. El tú no me llamas pues yo no te llamo y así se había convertido en un cuento de nunca acabar de pipa repipa de juego de niños; partía de la infantilidad y el prejuicio, qué caray. Y coño, somos amigos, vamos a dejarnos de hostias, que luego tú por mí por él y la casa sin barrer y los días negros. No es así, que nos queremos. Luego vuelvo aquí para soltar estupideces con cara de barba rubia y la lengua de esparto. Me plagio. Reviso a dos metros bajo qué y todos están esperando; siguen ahí, existen, me alegro, cómo me alegro de ver a Claire. Me llega 'Caldo' y me leo, me releo y me veo bien, todo correcto, aunque me hubiera quitado algo de acá y allá pero todo me parece correcto. Y los dibujicos me parecen más que correctos, pluscuamperfectos, y le dan enjundia al material, y el fanzine se abre de abajo arriba y qué gusto verme ahí entre tanto titán, madre mía, se me erizan los pelillos de la nariz y me crecen gardenias en las orejas, el culo en pompa ya. No tengo ninguna frase brillante para terminar. Diré algo así como que me duele la cabeza o tengo que estudiar. Tanto da, hace sol y se ha salvado el Sporting. La imagen pertenece a Irena Zablotska.
miércoles 20 de mayo de 2009
Pinopuente
Me dice Carmen que soy un hijoputa con los coños, y no le falta razón en el fondo, aunque me trate de hace poco y no conozca mis mierdas, cuando era un pagafantas y las tías me molían los cojones para desayunarse. Me cago en ella y paso a otro tema, porque es siempre lo mismo y ya estoy hasta la verga de feminismos de pega. Ahora que soy apetecible me lloran, me buscan y cuando soy honesto me censuran. Pues miren, que vayan pasando una a una porque me pica el escroto, y que qué pena que los primeros polvos sean tan malos y haya que aguantar haciendo el pinopuente un cacho. Que no, mejor solo y contento y follando con estilo. Me caía bien aquella hembra que no pedía más, que exigía un buen lenguetazo entre pierna y pierna y 30 ó 40 minutos de sacudidas desnortadas. Tal vez vuelva a llamarla. Y todo esto a cuenta de ser sincero y no marear la perdiz y no joderles la vida, ya ven. El mundo al revés en cada conato. Miro el Facebook: la típica payasa con ínfulas de artista piensa en la Tierra, o en la paz, o en la pobreza, o en la esencia de su música de palo, que va del palo la tipa, no me jodan, que mañana grabará un tema en el estudio de papá. Y ojeo el libro de Lardín, y todo lo demás me parece tan insustancial que a ratos me siento el penúltimo hombre cuerdo. Y todo así.
lunes 18 de mayo de 2009
Deja que te huela
Aquella que sí Fue sigue temblando en el umbral sin saber a qué agarrarse; aunque suene a lo que suena ella no era como el resto, pero debía abandonarla (!) antes del vermú y el polvo de las seis y cuarto. No podía ni podía ni puede ni puedo. Yo lloraba a moco, como un niño de teta, y ella me calmaba: "Tsss..., no pasa nada"; y claro que pasaba, joder, claro que pasaba: "Espera un momento, nena, no te preocupes por mí, deja que te huela, deja que te guarde bien, como en las fotos. Espera, te lo explicaré mejor... Te acuerdas de aquel tipo, ¿no?, de Marcello. No te he hablado nunca de Marcello, en realidad no lo conoces. Te acuerdas de él, ¿verdad?, de Marcello, ese muerto de hambre entre coño y coño, entre lujo y lujo. No lo conoces, ¿verdad? Marcello, ese Marcello, que ha vivido y vive y vivirá la 'dolce vita' para escurrir el bulto. Soy un poco así, como Marcello: descreído, cabrón, mentiroso, sensible, sensible, sensible, demasiado sensible para toda esta mierda, aunque vaya de tal y cual y tal y cual. Qué va, nena, qué va, no quiero que seas mi hembra oficial, mi teta y mi aman- te, no te quiero tanto como para joderte así, ése es el problema".
sábado 2 de mayo de 2009
Que actúe la pandemia
Camino por la calle con aire distraído; son las doce de la noche y Madrid me recibe de mala gana. Visto de negro para pasar desapercibido, hoy no quiero que nadie me hable, ni me mire, ni me toque, sólo deseo llegar al cine antes de que empiece la película, tomándome el tiempo justo para ordenar mi cabeza, tan revuelta últimamente. Hoy no quiero que nadie me hable, ni me mire, ni me toque. En cambio, los necios se conjuran: un coche viejo me llama borracho y me ordena que regrese "a casa"; un tricornio me observa de soslayo mientras devoro un bocadillo de tortilla de patatas y rescato, con la lengua seca, varias migas extraviadas en los labios; tres faldas me ofrecen sexo a cambio de mecenazgo; una boca rota farfulla frases inefables a mi paso; dos sombras corren y gritan y corren y gritan y corren y gritan..., ya no las oigo; sigo caminando, y pienso, fantaseo con cargármelos uno a uno; si quisiera..., ¡blam!, disparo en la cabeza (!); dejaré que actúe la pandemia. Llego al cine con cara de Travis y compro "una entrada para 'Déjame entrar', valga la redundancia". Rápido, que empieza. La taquilla me analiza mientras imprime el recibo, no está acostumbrada a expeler entradas para cinéfagos solitarios; se sonríe y piensa: "Mira, otro que va de maldito", y piensa en otra cosa, ya ha dejado de pensar, espera, ahora piensa en ese culo, en ese culo, en ese culo, en ese culo, ya ha dejado de pensar. Rápido, que empieza. La película nace, crece y nace. Despojada de lugares comunes, consigue resucitar la figura del vampiro, tan revuelta últimamente. Los pequeños detalles, esos ojazos que cambian en la oscuridad por arte de birlibirloque, enlazan con la brutal sutileza de Tony Soprano. Hum..., me estoy pasando. Salgo del cine, extasiado, y retorno por las calles desiertas como un Vigilante de saldo. Hoy no tengo ganas de que nadie me hable, ni me mire, ni me toque, sólo quiero llegar a casa..., o a dónde sea que sea.
martes 21 de abril de 2009
Este blog enteco

Este blog enteco ha cagado a su creador, quien había perdido el interés por escribir, quien corría el riesgo de hablar en tercera persona sobre sí mismo. Ejem. He regresado para ser sincero. Me había ido sin anunciarlo para que nadie me animara a volver. Me había ido por la misma presión de siempre, pensando que había esquilmado esta ciénaga. Lo que empezó siendo un sitio "anónimo, húmedo y frío" en las fronteras de Internet, había caído en la comodidad, en la conciliación y en la ligereza. Al menos, así lo percibía. Ya no escribía desde la tumba (y "hay que escribir como si estuvieras muerto"), sino postrado en un sillón de la plaza del pueblo 2.0, para goce y disfrute de cierta gente decente y otra gente que, maldita la hora en que fueron invitados, no aportaba nada y amenazaba mi existencia. De un momento a otro, podía caerme una bomba atómica en las pelotas, debido a una radiactiva discusión entre Esa que sí Es y Aquella que no Fue, cuando sólo yo (y tal vez tú) podía(mos) entender que únicamente estaba, únicamente estaba..., intentando crear buena mierda sin dilucidar si merecía la pena el esfuerzo, o si lograba mi propósito (!), ¿tenía de hecho un propósito? En realidad, nadie sabe para qué cojones sirve escribir, ni para qué cojones sirve respirar, probablemente no sirva para nada. Ya había enunciado mi desánimo en más de una ocasión, y me había convencido de que el hedonismo era la única alternativa para no terminar en el cementerio o el frenopático antes de tiempo, aunque sólo fuera por cierto instinto de supervivencia rayano en la inconsciencia animal. Me explico... Creo en la verdad del amor, a saber, en su capacidad para revolverte el estómago y quitarte el sueño y joderte la razón y demás lugares comunes; pero no en su dimensión, su trasfondo y cualquier otra bobada engendrada con el uso. Nos queremos por puro interés, y no hay tutía; aunque honestamente intente traspasar esa frontera, sé que mi cerebro es una eficiente máquina destinada a mantenerme cuerdo y feliz. Pero, como estoy empeñado en joderme a pelo, vuelvo para quedarme y sacudirme el cretinismo por higiene. Esta web no tiene importancia; al final, se la tragará la nada. Debe ser que necesito escribir la noche "porque dormir las horas prescritas/ me sigue siendo ese asunto/ tan ajeno/ propio de gentes que aspiran a llegar a viejas". Debe ser que, como diría un chaval al que llamé amigo, me faltan rutinas (para amoldarme a la vida social). Tal vez dentro de un tiempo pueda decirme a mí mismo: "Coño, chico, has sido un tipo lúcido"; para, poco después, mearme y peerme en los pantalones.
martes 31 de marzo de 2009
Kaputt
"Somos de una blandura insopor- table, Manú. Consentimos a cada instante que la realidad se nos huya entre los dedos como una agüita cualquiera. La teníamos ahí, casi perfecta, como un arcoiris saltando del pulgar al meñique. Y el trabajo para conseguirla, el tiempo que se necesita, los méritos que hay que hacer... Zas, la radio anuncia que el general Pisotelli hizo declaraciones. Kaputt. Todo kaputt. 'Por fin algo en serio', piensa la chica de los mandados, o ésta, o a lo mejor vos mismo. Y yo, porque no te vayas a imaginar que me creo infalible. ¿Qué sé yo dónde está la verdad? Solamente que me gustaba tanto ese arcoiris como un sapito entre los dedos. Y esta tarde... Mirá, a pesar del frío a mí me parece que estábamos empezando a hacer algo en serio. Talita, por ejemplo, cumpliendo esa proeza extraor- dinaria de no caerse a la calle, y vos ahí, y yo... Uno es sensible a ciertas cosas, qué demonios." Cerré el libro en el momento justo, después de un párrafo magistral, capaz de sostener, per se, toda la historia de la literatura. Pulsé el 'play' de un 'track' de un 'blog' muy 'cool'. 'Crimson & Clover' sonaba a vinilo ajado sobre un toca- discos nuevo. 1968 debió de ser un buen año para las coliflores y el té helado; ahora tenemos 'hippies' de jipijapa con rastas en el pelo y salsa boloñesa en el estómago. La música reverberaba sobre las paredes psicodélicas, trasladándome a un mundo psicotrópico donde la parapsicología era un arte y la psicosis un signo de buena salud. Se parecía al nirvana..., o a lo que puebla mi escroto cuando se moja. Hacía luna, estoy seguro, no necesitaba carne ni agua ni sexo ni amor ni esperanza. Después de dieciséis meses, había renacido como la mierda cantante y danzante que soy. "Kaputt", dijo Oliveira.
martes 17 de marzo de 2009
TH
Esa que sí Es duerme pegada a la pared para no caerse de mi cama. De noche, me agarra por el lomo creyéndome dormido, muy fuerte, teme que salga corriendo y la destape antes de que el sol bostece. Cuando se despierta, combate sus legañas con el dorso de la mano izquierda, la mano masturbatoria donde guarda mi olor 'sin que yo lo sepa'. Yo hago lo propio y siempre le presto el mismo pijama desteñido, para recordar el sabor de sus pezones en las vigilias lobunas, para rescatar parte de su vello púbico incrustado entre fibras de algodón. Quién sabe, después de todo, tal vez sea mi TH. Tiempo, tiempo al tiempo.La imagen pertenece a Bialetti.
jueves 26 de febrero de 2009
Lasaña

Aprecio la importancia de una buena lasaña. He estado jugando a la ensaladilla rusa últimamente, ejem, con esta prosa idiota que me sale a contraluz, escrita con tinta verde sobre un cuaderno ajado, cómo no. Escurro el bulto cuando duermo con Esa que sí Es, temo follar con calcetines, salir por descarte, querer con desgana; temo llegar a la treintena emocional, si es que existe, si es que llego; pero, qué coño, al final me he enmarañado en la maraña de su risa contagiosa (!). La descubrí el primer día, su risa, en mi cama, esa forma de reír. Aquella que no Fue nunca se reiría así, tan cerca, ni me traería la lasaña al trabajo; se dedicaría a contarme sus cosas, a llorar sobre mi barba; yo sería su Perro de las Lágrimas, Faldero; ella seguiría escondiéndose detrás de sus convicciones ajadas, escritas a contraluz sobre un cuaderno verde, cómo no. Dejo esto en el aire, desordenado. Ahora me espera la segunda de 'Clerks' y se me enfría la lasaña recalentada. Después de picar, llamaré a Esa que sí Es para decirle que guarde los labios por si vuelvo; y que compre queso y carne y tomate y muchos besos, muchos, muchos besos; yo llevaré condones, pistachos y una botella de ron, que hay que celebrarlo.
miércoles 25 de febrero de 2009
'Nirvana Now'

Estoy viendo 'Apocalypse now' por segunda o primera vez. Voy dilatando la noche lentamente, necesito mi dosis de ficción diaria para remontar el curso del río, para eludir la realidad antes de que la realidad prescinda de mi existencia. La realidad de este lugar inmutable me está consumiendo. Madrid mutila mis impulsos, mis ganas de devorar la Tierra de una sola bocanada. El trabajo. Salgo tres, cuatro, cinco veces del mismo ascensor y se fusionan los recuerdos; salgo tres, cuatro, cinco veces del mismo ascensor y se fusionan las sonrisas, hacia seres diminutos que se mueven por moverse —no daría el canto de un duro por sus vidas de mierda—. Circulo. Cada día me asaltan las mismas imágenes en el ordenador de la oficina, parten de lugares oscuros y húmedos de Internet, son pulsiones irracionales, apreciaciones informes conectadas a los instintos primarios, vísceras calientes de pésimos modales. Circulo. "Debemos matarlos, debemos incinerarlos, cerdo tras cerdo, vaca tras vaca, aldea tras aldea, ejército tras ejército", sugiere Kurtz en la pantalla por la boca de polvo de Brando. El tiempo de esta habitación cerrada discurre cíclicamente y me mata poco a poco; huelo el napalm sobre el suelo; mancho las sábanas blancas con mi sangre; todo se vuelve rojo. "¡El horror!, ¡el horror! (...) Mi factoría..., mi carrera..., mis proyectos...", Mi Querido Tesoro...
sábado 21 de febrero de 2009
Olor (y II)

Últimamente me describo afectado y macilento, aunque no hay para tanto, estoy orgulloso de mi temperatura, estoy orgulloso de su temperatura, de mi niña pelirroja. Hum, ¿cómo sería su temperatura en mis labios?, dímelo, mostacho cobrizo. Je. Estoy harto de repetir la misma cosa, será que mis dedos se niegan a morir tan vírgenes, sin amor entre las uñas, sin punzadas en las yemas, sin líquido salino que llevarme a la boca. Ya no sé follar, Chica de las tetas Tristes, enséñame de nuevo cuando la vida duerma, cuando no mire Tony Soprano y pueda decirte, entero, que necesito tu voz al final de la noche, que una noche tras otra dormiría a gusto con la barba enmarañada en tu nuca, en tu pelo largo, en tu olor a hembra. Hum..., ese olor tan tuyo me quita el arte y el sueño.
Olor (I)

Ya se ve en la postura de los pies..., los inhibidores latentes bailan su danza almizclada, de olor a coño de olor a coño, trastocando mis percepciones como si fuese perfecta. Poso la mirada en sus pies calzados; lleva unas 'converse' sucias, honestas, portadoras de muchos secretos, de muchas miserias. Ella no me dirige la mirada; yo, en cambio, dejo de leer y me centro en sus piernas; voy subiendo por sus pantalones vaqueros..., me imagino mil historias sobre su pubis y alrededores; pero las desecho por triviales, por tópicas, porque tampoco la quiero y me sabría a sacarina después de todo, como Aquellas que no Son; la sigo mientras abandona el vagón, morena, y vuelvo a la lectura: Hemingway sonríe en su cama.
sábado 14 de febrero de 2009
Salud

Como estoy hasta los cojones, hoy mezclaré las bebidas hasta las seis de la madrugada. Delante de mí, tengo un vaso de chupito con una vaca impresa y una botella de ron Oro medio vacía; no deja de resultar patético, lo sé, pero hoy me apetece emborracharme hasta la extenuación, hasta despertarme en mi propio vómito sobre el suelo de esta habitación insalubre, llena de amor, odio y esperanza; un 'cocktail' brutal, de los que comprimen el estómago como una sombra recién lavada. Muy rico, ¡salud! Seguramente exagere, seguramente no tenga razón y sea un puto crío caprichoso con los dientes torcidos de tanto morderme el labio inferior, a la altura del canino izquierdo. Pero me da lo mismo, igual me da, ya no cuento a nadie estos asuntos, los escupo en esta ciénaga de obscuridad, de oscuridad, creyéndome protegido, anónimo, ¡salud! La botella está bajando. El ron sabe a gloria tan solo, 37,5 grados de alcohol puro en la barriga, para purgar la mala leche que sube y baja a través de las venas que perforan mis sienes, mis tristes sienes acostumbradas a pensar por mí. Y de abajo arriba, ¡salud! Me fui encendido de su casa, de la casa de Aquella que no Fue, habiendo plantado a Otra que sí Es por puro egoísmo. Mi cara debería caerse de vergüenza, pero la tengo dura y pegajosa, cargada de canas sobre el labio superior, a la altura del canino izquierdo. Y es que me están tangando, me están tangando, porque ayer La que no Fue se arrimó a doscientos cincuenta y siete milímetros de mis labios, el inferior y el superior, a la altura de los caninos diestros, y parecía dispuesta a morderme la boca sin remisión. Parecía así, dispuesta, ¿a qué jugaba?; ya estoy cansado, ¡salud!, qué pena que no se atreva a follarme el alma.
domingo 8 de febrero de 2009
El sofá del salón

Una pregunta puede terminar con varios años de brazos partidos. Ayer, caminábamos de puntillas sobre un plebiscito demasiado frágil; hace tiempo, firmamos un acuerdo tácito para no revolver las noches de julio, y nos convertimos en maestros prestidigitadores, por si soplaba el viento. Madrid vivió nuestro reencuentro bajo palio, con las calles blancas y los portales azules, preparada para las tardes sin sexo y las noches de risas y recuerdos pálidos. Vaya..., tanto la quise que fui incapaz de contestar abiertamente, que no podía mirarla con los ojos serenos y decirle que sí, que la quise y la quiero, que ese olor que tanto busco no existe más allá de su cama, que en su cama todo se ve más claro, otra vez, y que quisiera poderla querer; pero yo, más preocupado por mi cabeza al revés, por la salud de mis córneas, por esa voz que le sale, por el sofá del salón; más preocu- pado por no perderla otra vez, negué la mayor, cosí mis pelotas, até la lengua al lavado en frío del televisor y cerré la boca.
lunes 2 de febrero de 2009
¡Examen!

No dejo de toser. La nieve, las pintas, el pelo aceitoso, la mirada huidiza, el aliento de paja, los ojos de barro. He estado estudiando o fingiendo o follando toda la noche. Me levanto; me siento; toso; no paro de toser; me arrancaría el pescuezo para concentrarme, pero tengo que terminar este examen, una broma más. Pasan los minutos, y mi garganta se retuerce y brama. Tictac, tictac, tictac. Sufro las miradas. Mis compañeros se debaten entre la repulsión y el odio; si pudieran, me lanzarían por un barranco como a un espartano deforme. Sus vidas están en juego, o eso piensan; y no se juega con eso, pienso en mi vida. Se me agota el bolígrafo en mitad de la pregunta tres; entre flema y flema, pido un bic, un triste bic; me miran, me matan. Tictac, tictac, tictac. El profesor se desanuda la corbata, la corbata roja gris desorejada. Me observa con incertidumbre, no me reconoce, me va a putear porque estoy tosiendo demasiado, y porque puede. El sudor se une a la tos, los ojos se me salen de las minas; la sangre se enturbia sobre mi ceja derecha, brotaría gustosa y libre a lo largo de la mesa y los papeles; cientos de papeles desesperados, vacíos de ideas. 'Sociedad Red'; 'red social'. No es la misma mismo, ni mucho ni poco, ni siquiera lo que parece sino todo lo contrario. A borbotones, me ahogo en mi propio sudor mientras mi tos se acelera. La chica de al lado se cambia de sitio. No puede más; no puedo más. Aumenta la presión intracraneal, mi ojo derecho comienza a ceder. Su córnea, la mía, la suya, empieza a supurar a la altura de la pupila hasta estallar en amalgama de humor vítreo y cafeína. Demasiado café. No puedo perder el tiempo. Tictac, tictac, tictac. La chica de al lado empieza a vomitar, y el resto de la clase percibe el cénit de mi eclosión ocular, ¡ar! Sonrío satisfecho, ya no toso. Todos comienzan a abandonar la sala, asqueados, con sus exámenes en ristre, camino del Vicedecanato de la Vicerrectoría de la Vicepresidencia de la Vicisitud de lo Paranormal. El profesor se acerca, aterrado, gesticulante, torcido. Me arrima la cara a la cara para ojearme el ojo no muerto. Guardo el triste bic, le miro descacharrado y le entrego mi examen sanguinolento. Exploto, me explota el tarro, llenando el aula de serpentina de colores raros y plastilina gris.
viernes 30 de enero de 2009
Limpia, fija y da esplendor

Me dirijo hacia la puerta trasera de la Real Academia Española; sus ilustrísimas entran por la puerta delantera mientras les observo, 'voyeur', a través de la valla metálica que nos separa. Se bajan de sus bonitos coches, caminan con seguridad, preparan sus sonrisas satisfechas, satisfactorias, y se internan en el edificio. Yo me dedico, luego, a probar mi identidad, firmo acá y acullá, garrapateo un par de apellidos extraños y me coloco la acreditación. Mi corazón tamborilea, siempre lo hace en estas ocasiones, me sudan las manos, me arde la frente, pero mi paso se mantiene firme, como si fuese uno más. Los trabajadores perciben mi juventud, me observan con guasa; condescendientes, me guían hasta la habitación donde se encuentra el autor, quien habla sin tapujos con la mujer de la competencia; buena y sabia mujer, sí señor. El editor me cede su asiento, y yo comienzo a actuar delante del escritor, como si no me hubiesen avisado hace un momento de un premio que, como si supiese su vida y obra y pudiese destriparla en sesenta segundos de mutua aquiescencia, de reconocimiento intelectual. "En el País Vasco... En Alemania... Mi próxima obra... Reto a cualquiera...". Paso al gran salón, con sus asientos esponjosos y tapizados, y observo a Marías y Pérez-Reverte, que ocupan sus sillones; ellos limpian, fijan y dan esplendor; yo sigo apuntando cada frase, extrañamente embelasado ante tanta 'cultura oficial', emborronando páginas y páginas con mi letra borderline. "¿Quién me iba a decir...?".
Salgo antes de tiempo. Dejo a Carmen Iglesias con la palabra en la boca, hablando maravillosamente de cuentos, cuentistas y deseos. Vuelvo a la redacción con la noticia en la cabeza y las notas en el cuaderno. Me relajo pensando en el último capítulo de 'Lost', en la próxima ronda de la 'Champions', en el contoneo de la falda de esa chica que cruza deprisa y. Las faldas. Llego a la redacción. Todo me va mejor últimamente, estoy aprendiendo y tal, en plan periodista todoterreno, muy 'hollywoodiense' y soplapollas. Preferiría no trabajar, dedicarme a la contemplación y el pensamiento, ja, pero hoy me siento bien, y labro la información con la exactitud de un herrero. Orgulloso, me marcho con la cabeza alta y la 'becaría' por las nubes, como Lucía al otro lado del charco. Me encontraba mejor en Deportes, en el portal aquel, hablando de la Eurocopa y los Juegos, de torneos que resumen la vida en unos minutos de mutua aquiescencia, de reconocimiento emocional. Para hablar de estas competiciones, es necesaria cierta perspectiva y reflexión y objetividad más allá de los tópicos y los lugares comunes. Después, tus colegas de oficio no te toman en serio, son muy aficionados a la 'cultura oficial', te hacen pruebas para conocer tus cualidades extradeportivas, cuando cualquier periodista debería cambiar, sin despeinarse, Ronaldos por Zapateros, botas por bisturís, largueros por camerinos. Está bien que no te tomen muy en serio, ayuda a no tomarse muy en serio a uno mismo. Yo prefiero farfullar entre dientes y escribir a escondidas, y hacerme el tonto, y no levantar la voz, ¿para qué quiero demostrale nada a nadie?; que se jodan si no se dan cuenta, será su falta cuando, estoy harto de tanta tontería.
martes 27 de enero de 2009
No esperen que vuelva
Con la cabeza abotagada al hilo de tantas mujeres paseando, imaginarias, sobre mis pelotas, comienzo a barruntar que empiezo a conocer que vuelvo a sospechar que tiendo a conformar(me con) la situación ocasional que me atormenta. Dicho de otra manera, soy Alex DeLarge en los Princesa, bajo terapia autoimpuesta. La mecánica con la que se desabrochan los sujetadores parece tranquilizadora. Lo es al principio, aunque nunca llegue a atinar del todo por falta de entereza, aunque me tiemblen las piernas luego, cual Bambi neonato en los servicios sucios descascarillados: ayer casi alcanzo el nirvana. Sufro, entonces, la sensación tan largamente comentada aquí, tan largamente desarrollada, pesadamente, largamente pesada, a través de unos pocos textos sin ánimo de ánimo. La conformidad me persigue, y ella es más rápida; la sobriedad me rehúye en los domingos de fútbol; la tensión del examen siguiente, con su lengua de trapo bajo el café, se une al desasosiego que me infligen Dívar y Conde Pumpido, esos caretos del curro. Mañana, tengo que presentar un trabajo de Historia, y aquí me tienen ustedes, divirtiéndome, destrozando el lenguaje como me apetece, gozando de esta libertad que me da el supuesto anonimato. Mañana, por Mañana, tal vez me arrepienta de todo y me borre, y me mutile, pero hoy estoy aquí, con Franz Ferdinand tocando en los bafles. Para-papapa, para-papapa, y sueños lúcidos. Kiss me. Y entonces pienso en dejar Madrid, en que 'la vida feliz' ya me ha dado todo lo que tenía derecho a pedir, en que debería irme y recomenzar en Siberia, en Dublín, en La Pampa, en Mieres, en Cuba, en Mongolia, en Malasia, en Pekín. Debería. Entonces, me veo 'fuertote' y resabiado, y me entra el canguelo. Yo no he nacido para empresas del copón, soy un vago interesado en la belleza de las cosas bellas. Deberían existir ayudas celestiales para Nosotros los Incapaces, pero hace tiempo que Dios se ha suicidado. En su defecto, tenemos el dinero líquido, tan niño que juega al escondite que juega al tres en raya que juega a la rayuela con la cuenta corriente de nuestros papás. La, lala-lalá, Ulysses... Me da por danzar y seguir justificándome tras los temazos de última hora. Pero, ay, los temazos de última hora sólo me liberan durante un rato, el que dura la canción de turno. Sazono los vacíos con material del bueno, la buena mierda y tal, me veo la serie 'Roma' y disfruto como Tito Pullo en el cubil de Cleopatra. Me vuelvo un poco Voreno cuando llego a casa de Aquella que no Fue después del capítulo final de la primera temporada, y me da por defender mi honor; me da, me da, me da; pero ya ha pasado tanto tiempo que me resisto a resistirme, porque, como decía Otra que sí Fue, nunca podré olvidarme de su olor extraterrestre, ¿cómo sales a la calle oliendo así? Vuelvo, y camino, y bajo, y subo; y camino, y bajo, y subo; todo me parece soporíferamente cíclico, repetitivo, y necesito respirar. Me ahoga este aire, me ahoga esta habitación polvorienta en sus esquinas, me ahoga la llamada de Otra que Tal reclamándome en su cama con fornicias intenciones. Me ahogo, me ahogo, me ahogo; y sólo quiero danzar, y morirme un rato, y volver a despertarme, y no hacer lo que debería hacer para convertirme en un gilipollas orondo y respetable con la lengua lisa de tanto chupar vergas. Escupo, me visto y salgo. Me voy, me voy corriendo. No esperen que vuelva.
martes 20 de enero de 2009
De vaqueros e indios (y II)

Salí corriendo de aquel portal al que siempre vuelvo, replanteándome todo como casi siempre, me había(n) revuelto. Llegué a mi casa y seguí razonando, debatiendo conmigo mismo, confundiendo la dualidad con la realidad. Escribí uno de estos textos inútiles, pero lo dejé durante un día en la nevera, no se correspondía enteramente con mis pensamientos. Terminé publicándolo, empujado por mi incapa- cidad para llegar a una conclusión válida, convencido de que alguien encendería la luz y ordenaría mi cabeza. Hablaba yo sobre mi relación con el amor, y no sobre el amor; acerca de la puerilidad de mis deseos, próximos a las obsesiones necesariamente vitales; estaba tremendamente equivocado. Por un momento, había renunciado a uno de los pocos apoyos que me quedan, que me invitan a creer en que esta broma infinita merece la pena. Porque "dirán lo que quieran, pero madurar no es, bajo ningún concepto, follarse lo que venga y construir una vida sobre el conformismo. Dicen que sí, pero es mentira, sólo es otra convención de ésas que acabarán por enterrar este mundo". Enmendado queda: sigo queriendo creer, y sigo creyendo.
domingo 18 de enero de 2009
De vaqueros e indios
Joder, te despiertas tranquilamente una mañana, prudente, cauto, y terminas pronunciando una frase lapidaria, un tópico marmóreo. Ocurrió al despedirme de ellas; pensé en alto y lo conté todo; me escuché dos o tres veces intentando justificar mis creencias. Porque, para qué engañarnos..., da igual en qué..., sólo me faltaba un arpa. Porque, al escucharme con atención, descubrí que esa mujer perfecta vive únicamente en mi cabeza, que siempre ha estado en mi cabeza, que nació en mi parvulario. Ese ideal se convirtió en obsesión en algún punto del camino, tal vez en su concepción, y la obsesión me corrompió como el aire sucio. Me descubrí, desnudo, intentando explicarme. Me descubrí, imberbe, negando tres y tres veces que ese clavo está torcido, hablé de meter el dedo en la llaga y la llaga en el dedo. Joder, me descubrí, percibí que esa obsesión ridículamente infantil monopoliza mis polvos, que tendré que madurar, pudrirme y resignarme. Y luego llegué aquí, con el pretérito perfecto simple, y solté esta perorata; e intenté ser claro, pero terminé encriptando los mensajes, por cierto reparo, para seguir fingiendo que no soy un niño que juega a los indios. ¿En qué momento te despiertas tranquilamente una mañana y, luego...?
martes 13 de enero de 2009
La vida feliz
"Sé feliz, hijo, pareces poco feliz", me espetó mi madre antes de marcharse. Yo me volví gelatinoso, huidizo, incapaz de contestar de forma inteligible. Ella cerró la puerta con fuerza, por si acaso me daba por escabullirme y dejar los tiestos sin regar. Esos tiestos cobran vida en primavera, y la cobran así de frondosa, como una microselva de tallos bermejos, después de la nieve. Una vez, incluso, nacieron margaritas de saldo, vidas espontáneas y frugales, capaces de alargar los días hasta la mañana. Yo no era Norman Bates y, sin embargo, disecaba el tiempo con su habitual destreza, diseccionaba los pétalos para su estudio público y privado. Con el tiempo, se me agriaron los afectos, se oscureció la superficie del suelo de mi habitación y se rompieron los tiestos. En realidad, los tiré por la ventana, llenos de tierra, líquenes, gusanos, casas, piedras, setas y gnomos bermejos: todo desperdigado. Dios de tres universos. Pensé que lo mejor sería ir detrás de ellos —los había matado, me habían dejado—, pero el suicidio me pareció tan razonable que perdió todo su interés. En verdad, el suicidio es el único fin de un hombre razonable. (La gente no lo entiende, cree que los suicidas son locos tristes, locos sin vena en la sangre.) Comencé, pues, a salir de casa con cara de barba rubia, escondido bajo tanto pelo a contrapelo. Decidí beberme el agua de los floreros hasta la regresión a los potitos. Con suerte, podría morir cirroso y vital, tras siete sábados intrascendentes y cien mil trescientas veinte horas de lucidez abisal.
domingo 11 de enero de 2009
Tanto 'tanto'

lunes 5 de enero de 2009
a qué precio

Dejo el mundo en tus manos, chico, realmente quieres cambiarlo, realmente quieres perder tus privilegios burgueses, chico, quieres realmente cambiarlo. Je, "saca una foto de eso, es puro Venus, amigo mío... Y Urano, donde los uranianos se sientan en sus casas azules de pizarra en frío silencio azul... Kim quería explorarlos todos nuevos peligros nuevas armas, 'mares peligrosos en desolados países de hadas' ansiaba drogas placeres desconocidos y una distante estrella llamada HOGAR". Realmente quieres, chico, realmente quieres cambiarlo. Sientes todo el dolor de..., pero realmente quieres...; dímelo, quieres realmente. Las lágrimas continúan perforando el suelo, chico, continúan cayendo, graves, continúan brotando, chico; qué vas a hacer tú para cambiarlo; cogemos las armas, chico, realmente quieres cambiarlo. La gente sigue palmando, son escoria para el hombre grande, para el hombre que reniega del mal y se disfraza de mal puro y democracia cada día y cada noche y cada día y cada noche, ese hombre grande de piel de cartón azul. Realmente quieres cambiarlo, chico, a qué precio; quieres romper con todo, morir sin nada, quieres estallar sobre la propia tierra donde las lágrimas siguen cayendo, graves; dime, chico, a qué precio; y si lloramos un rato sobre esta mierda; venga, vamos a llorar por todos.
viernes 2 de enero de 2009
En el último bar
lunes 29 de diciembre de 2008
Rocky Balboa

Hoy he vuelto de mi pueblo en ALSA junto a una chica desconocida y mona, realmente mona. No ha pasado nada con la chica, ninguna muestra de afecto, ningún roce disimulado con el codo izquierdo, ningún tocamiento imaginado en los lavabos destinados solamente a drenar aguas menores. Me he portado bien, porque voy camino de encontrarme a gusto con ella. Me gusta ella, sí, siento mariconadas en las mariposas, en el estómago del alto y el bajo vientre. La chica del ALSA no podía imaginarse que yo pensaba en otra, aunque no le hubiera importado, pasaba de mi carne, sólo atendía al televisor central, pendiente de los quehaceres del gran Rocky en 'Rocky Balboa', dirigida y protagonizada por un Stallone entradito en 'botox' pero tremendamente convincente, capaz de tumbar a un mito, noquearlo, y auparlo de nuevo hasta llevar mis más orgullosos afectos al paroxismo. Porque Rocky es una muestra sincera, honesta, de por qué debo caminar con pasos firmes de hombre. Rocky conoce su futilidad y el miedo inabarcable de la decrepitud, pero avanza a bofetadas, a bofetadas contra su propia y deformada cara. Tampoco me sirve de nada avanzar, lo más lógico sería dejarme morir ahogado en un sórdido baño de mi propio pueblo, por eso de estar más cerca del tanatorio de toda la vida, que a la gente cercana le gusta velar el cuerpo; pero avanzar a bofetadas contra tu propia y deformada cara confiere cierta dignidad a la existencia, cierta magia, cierta materia inefable de valor excelso que se une a la belleza de las cosas bellas. Larga vida a Rocky Balboa, y a su perro.
viernes 26 de diciembre de 2008
Nieve
Los días lúdicos me mecen en este invierno recién estrenado. No hay sitio para grandes ideas, para grandes esfuerzos, me entrego a la más absoluta distracción, a los episodios tras episodios tras películas tras whiskies tras historias y más historias en el último bar; danzando canciones translúcidas, renazco y renacen los colegas. Voy al baño a empolvarme la nariz; el agua inundando la estancia hasta los tobillos. A trancas, tra, trancas, consigo caminar sobre el lago improvisado, renta malsana del hombre feliz que acaba de tirar de la cisterna, mesiánico. Aspira. Aguanta. Aspira. No dejes nada. Se juntan las imágenes, la niebla, ¡pum! Vuelvo en mí por la mañana, no me había ido, la música sigue sonando. La música no debería callarse nunca, con su voz de luz bajo la complicidad silente de tantos cráneos. La camarera me sonríe, me invita a una copa, sabe el efecto que provoca en las voluntades débiles, en las caras idiotas sobre su escote de carne roja. Hum. He bebido mucho, niña, ponme la última. Suenas a 'cowboy', niño, ponme la primera. ¿La primera?, ¿'cowboy'? La primera, 'cowboy'... La primera, niña..., espera. Se une a la marcha, ma, marcha, junto al tren, la nieve y un pueblo remoto, ¡pum! ¿Qué ha pasado?, el sol nos da en la cara, helado, como en los 'western' cuando hay montañas. La escarcha en mis pulmones, que tosen, que me llevan a mi aire. ¿Dónde estoy?, ¿dónde he estado?... Bah, no lo sé, tampoco quiero saberlo. Vamos, niña, me largo rumbo al próximo bar.
